La revolución energética

(CHILE) Susana Jiménez: «…resulta muy destacable que hoy exista un alto grado de acuerdo sobre el mantenimiento de los lineamientos básicos del modelo de energía aplicado en nuestro país. Ello asegura estabilidad en las reglas del juego y adecuación oportuna de las regulaciones a las nuevas condiciones que se deban enfrentar…».El sector energético está viviendo una profunda transformación. A la baja sustancial de costos de la generación eléctrica con fuentes renovables de los últimos años a nivel internacional, se suman nuevas y auspiciosas tendencias en materias tan variadas como el transporte de baja emisión, la generación para el autoconsumo, la medición y las redes inteligentes y el almacenamiento de energía, entre otros. Lo anterior conlleva un desafío regulatorio importante; pero los principios que han sustentado el desarrollo de nuestro sector energético han trascendido el paso de los años y han mostrado ser capaces de responder a distintas realidades.

La gran reforma del sector energético fue diseñada e implementada en los ochenta, cuando se liberalizaron los mercados de combustibles y se descentralizó la industria eléctrica creando un mercado competitivo de generación y suministro mayorista. Se establecieron, paralelamente, regulaciones para las actividades de transmisión y distribución de electricidad.

La reforma del sector eléctrico fue, sin duda, un cambio realmente revolucionario. Fue pionera en el mundo y se anticipó en ocho años a la del Reino Unido, llevada a cabo por el gobierno de Margaret Thatcher. De hecho, sus asesores -entre otros sir Alan Walters- visitaron Chile para estudiar lo realizado y usaron elementos centrales de ese modelo en su propia reforma.

El desarrollo de la descentralización, de mercados competitivos y de regulaciones basada en conceptos económicos sólidos permitió atraer inversión, llegando a principios de los 90 al 100% de participación privada en la industria eléctrica nacional.

El modelo ha ido evolucionando para adaptarse a condiciones nuevas o críticas del mercado eléctrico, así como a nuevos objetos de protección además de la seguridad de suministro, pero lo sustancial es que se ha mantenido en sus elementos fundamentales. Así, por ejemplo, a raíz de los racionamientos ocurridos en 1998, la Comisión Nacional de Energía (CNE) promovió una modificación a la ley para mejorar la asignación de responsabilidades a las generadoras en condición de sequía o falla de centrales y, a raíz de la crisis del gas argentino, se introdujeron cambios para liberalizar los precios de venta de generadoras a sus clientes distribuidores, única forma de adaptar ese mercado a las condiciones derivadas de esa crisis.

Cabe recordar también la situación que se visualizaba en los años 2011-2013 para el abastecimiento y precios de la electricidad en el año 2020: la demanda crecía fuertemente, los precios de los combustibles eran mucho más altos que los actuales, las energías renovables no eran competitivas y los proyectos factibles, termo e hidroeléctricos, eran rechazados ambientalmente por oposición social o judicialización. El Ministerio de Energía introdujo en 2014 y 2015 modificaciones al régimen de licitaciones de las distribuidoras de electricidad y a las regulaciones para la transmisión, temas que se venían trabajando con antelación y que, por tanto, contaban con amplio consenso. Lo anterior, junto a la baja en la tasa de crecimiento de la demanda y a la reducción sustancial de los costos de generación solar y eólica a nivel mundial -los costos solares son un cuarto de los prevalecientes en 2011-, permitió que los precios bajaran significativamente en los nuevos contratos de suministro.

Con todo, lo que se constata es que, frente a nuevos desafíos, han prevalecido los principios que guiaron lo que fuera una verdadera revolución en materia de energía, y que no son otros que el funcionamiento del mercado como motor principal para la asignación eficiente de recursos, basado en la iniciativa privada, las señales de precios y la neutralidad tecnológica; y un rol del Estado abocado a establecer políticas, normas y regulaciones que den garantías de un suministro seguro, eficiente y respetuoso del medio ambiente.

Pese a los movimientos pendulares propios de la alternancia en el poder, que han llevado a transitar desde un involucramiento muy menor a uno dirigista en los años recientes, resulta muy destacable que hoy exista un alto grado de acuerdo sobre el mantenimiento de los lineamientos básicos del modelo de energía aplicado en nuestro país. Ello asegura estabilidad en las reglas del juego y adecuación oportuna de las regulaciones a las nuevas condiciones que se deban enfrentar, como, por ejemplo, la penetración masiva de energías renovables de carácter variable.

En este sentido, resulta extraordinariamente desafiante la aplicación de los señalados principios a las tareas prioritarias de esta cartera, como la futura modificación del segmento de distribución y otras reformas comprometidas en la Ruta Energética 2018-2022.

Susana Jiménez
Ministra de Energía

 

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